1 de diciembre del 2008
Nunca imaginé que esta carta de “El Segundo Tren” que mandé al periódico El Progreso para el Día Internacional del Minusválido, un día también seria para mí. La vida hace que cuando menos nos lo esperamos, nos sucedan pesadillas que nunca antes habíamos imaginado. Resumiendo mucho, un día me caí en casa y yo vivía sola, cuando me recogieron estaba en estado de coma. En la UCI comunicaron a mi familia que ambos riñones estaban parados y me tuvieron que hacer dialisis. Creo que incluso hablaban de un transplante; esto no lo sé seguro. Quedé como una minusválida total…no movía las manos ni los pies, ni nada de nada. El médico que me atendía en la cuarta planta izquierda, donde yo estuve, me dijo que tenía que trabajar muchísimo para conseguir andar de nuevo, pero que sí podía conseguirlo. La única opción que me dieron fue que ingresase en una residencia para curarme. Pero esto no fue fácil porque sólo tengo 54 años y me decían que no tenía los 60 necesarios para ingresar. Así es que sólo encontré una residencia que me acogiera, el CTX A Veiga en Puebla de San Julián, Láncara, Lugo. No comuniqué nada a mis amigos y me puse a trabajar, mañana y tarde. Por la mañana trabajaba en la residencia ayudada por las auxiliares del centro de día o por los propios residentes (a pesar de que en la residencia tienen fisioterapeuta y terapeuta ocupacional, y también realizaba con ellos mis tratamientos) y por la tarde venía una ambulancia a buscarme para ir a la rehabilitación al Xeral-Calde y me atendió la señorita Fiona, que por cierto es muy exigente. Trabajé tanto que al cabo de dos meses andaba perfectamente. Si la experiencia os sirve de algo, que sirva para contaros mi opinión sobre las residencias de ancianos…
Mientras tengamos salud, nada me parece mejor que estar en nuestra propia casa, porque es el lugar donde hemos vivido casi toda nuestra vida y está llena de recuerdos, memorias y es nuestro refugio.
Pero si uno se encuentra enfermo, sin fuerzas, es el momento de escoger una residencia que esté dentro de nuestros límites y llevar nuestras fotografías, cartas, música, adornos. Aquí donde vivo, mucha gente tiene en su habitación la tele y el teléfono (esto es gratuito).
Si usted, estimado lector, ha llegado a la edad de jubilarse y le apetece que lo sirvan y atiendan bien, vengase a vivir la buena vida de A Veiga.
Aquí estamos limpitos y comiditos, no nos falta de nada. Son unas verdaderas vacaciones…
…no obstante, hay horas que son muy amargas pues echamos de menos a la familia. Pero eso pasa en todas partes.
Si estamos bien, no hay mejor lugar que nuestra casa.
Si estamos mal, en A Veiga me siento como en mi casa.
P.D.: Mi más sincero agradecimiento a todas las personas que me han ayudado.
Nieves Álvarez Méndez
Puebla de San Julián, Láncara – LUGO
Precioso Nieves.
Vendes mucho la residencia…. ¿Te tratan tan bien…?
Un saludo
Nieves, una pregunta, ¿eres de la xunta o pagas tu plaza integramente?
Te hago una segunda pregunta…
Te paga la residencia¿?
Si no es así la verdad es que esta muy bien.
Un saludo
Nieves, desconfia; nunca nadie es tan bueno
Me encanta, me gustan los dos temas mucho.
Nieves adelante, se fuerte.
Un besazo