
Publicada en El Progreso el día 7 de junio del 2003.
Yo estaba en la Iglesia de S. Pedro en la Misa de 7 de la tarde, era el día de la Virgen de Fátima.
Yo entré y me senté en uno de los últimos banquillos pues había mucha gente. Todo estaba tranquilo, al fondo había unas señoras con una badeja enorme para recoger donativos para la Iglesia. Cierto es que la Iglesia tiene muchos gastos: limpieza, alumbrado, calefacción, renovación de material que se estropea, etc. Los feligreses exigimos que las cosas estén siempre en su punto, sin embargo se colabora poco. Creemos que si todo funciona el beneficiado es el sacerdote y esto es falso, los beneficiados somos los feligreses. Y de pronto un mendigo estaba totalmente desconcertado viendo que todo el mundo dejaba monedas en la bandeja y a él nadie le daba nada y decía:
- ¡Esto es una vergüenza para la Iglesia Católica!
- ¡Esto es una vergüenza para la Iglesia Católica!
- Los santos no comen y nosotros sí y yo tengo hambre.
Siguió así durante bastante tiempo. Yo estaba sentada en los banquillos de la izquierda y él se vino a sentar a mi altura en los de la derecha. Parecía no estar bebido. Estuvo callado durante bastante tiempo y observando todo como si tratase de comprender el porqué de nuestra actitud, de los que nos llamamos católicos.
Entonces yo le di una moneda y me dio las gracias.
Yo tenía el firme propósito de comprarle un bocadillo a la salida, porque yo estaba muy concentrada en la Misa que se estaba celebrando. Al final, un grupo de jóvenes cantó repetidamente a la imagen de la Virgen de Fátima y cuando salí de allí lo busqué por todas partes para comprarle el bocadillo, pero no lo encontré. Yo debí de llamarlo cuando él estaba pidiendo ayuda y llevarlo a cualquier bar para comprarle un bocadillo y algo de beber y luego volver a la Misa.
Las buenas intensiones si no se llevan a cabo se quedan en simples propósitos que nunca tienen lugar.
¿A quién podría competir dar bocadillos a los mendigos, porque yo veo que les damos apenas unos céntimos?
Nieves Álvarez Méndez, LUGO
Sin comentarios, sencillamente increible…
Nieves ¿¿¿es cierto, o forma pare de tu mente???
Gracias por contestar.
¿Por qué no contestáis todos?
Estaría genial.
Hola Nieves, me gustó mucho el artículo, pero creo que caíste en el viejo truco de: dame para comer. Le diste las monedas y no supiste más de él. Me acuerdo hace tiempo que un mendigo me pedía dinero todos los días para el autobús para ir a Oviedo (costaba aprox. 100 pesetas) y como estaba cansado de la misma historia siempre, un día le dije, yo te compro el billete… y su respuesta fue, no, no se moleste deme el dinero y yo lo compro…
Con esto no quiero decir que algunos tengan hambre y sí realmente quisieran el bocadillo.
Hoy en día existen muchos sitios donde pueden comer, dormir, ducharse, etc. pero por motivos que desconozco muchos no quieren saber nada de estos lugares.
Saludos Oscar.
Tiene razón Oscar.
Nieves te timó
Es totalmente cierto, no escribo nada que no haya vivido ni sentido.
Lo mismo que nuestras cruces y otras cartas que vendrán.
Muchas gracias Olegario.
Nieves Álvarez Méndez