Hoy cuando llegue a primera hora, tenía en mi valija un sobre muy grande. La verdad es que cuando lo vi me sorprendió, miré el remitente y no lo conocía y venía de Palma de Mallorca.
Lo abrí con unas ganas locas, para saber el contenido que traía, y cuando vi que eran dos libros uno morado y otro rosa, me quedé sorprendido hasta que leí los títulos. El rosa “Mi madre envejece… ¿Qué hago? Y el morado “Estoy envejeciendo… ¿Qué hago?, y este último con dedicatoria.
Tengo que reconocer que aún no me ha dado tiempo a leérmelos pero sí a hojearlos y he visto cosas que me gustan, por que la autora nos deja en todos sus capítulos unas notas para reflexionar. Por lo que mire es muy fácil de leer.
Muchas gracias Elia Toppelberg. Te lo agradezco.
Para información sobre estos dos libros u otros libros de la autora http://www.eliatoppelberg.com/home/home.htm
Por Alberto Usieto-Blanco
Lo había visto anunciado en una publicidad de la editorial Dunken y también lo vi en la Feria del Libro, pero no le presté atención. Me imaginaba un libro de “autoayuda”, literatura que “no practico”. Un amigo comenta siempre que este tipo de literatura “se escribe en dos tomos”: el primero va de lunes a viernes y enseña cómo ser millonario o cómo resolver todos los problemas laborales, sentimentales, de relación y demás. El segundo tomo es de los sábados y domingos. Como en el sábado el lector de autoayuda se dio cuenta de que no se volvió millonario o no resolvió sus problemas personales, tiene que comprar el segundo tomo: cómo consolarse el fin de semana y vuelta a empezar el lunes. Yo “paso” de estos manuales.
Pero el sábado pasado fui a Cúspide de la avda. Corrientes y volví a ver el título del libro en la mesa de novedades, ya como en su segunda edición. Me decidí y comencé a leer algunas páginas. Me gustó y seguí leyendo varios capítulos mientras me reía y me sentía reflejado en los comentarios de la autora: Elia Toppelberg. ¿Cómo se titula el libro? “Mi madre envejece… ¿Qué hago? Libro de ayuda para los hijos”. En casa tenía a mi madre en cama, resfriada, así que pensé: buen momento para hacerle compañía, charlar y reflexionar otro tanto. Compré el libro y me lo llevé a casa.
En casa, a media tarde, leí algunos de los 47 capítulos cortos que estructuran la obra con títulos muy sugerentes: 1. Conviviendo con mi madre vieja, 2. Así murió mi abuela, 4. Qué hacer con los millones de objetos que guarda mi madre, 12. Estas fiestas serán las últimas, 28. ¿Y si la traigo a vivir conmigo?, 32. No creo en las brujas, pero que las hay, las hay, 34. Sin espiritualidad no hay buen morir, 39. Hoy cumple ochenta y cuatro años, 45. Soy consciente de las señales del envejecimiento… Cada capítulo lleva una frase inteligentemente elegida. Ejemplos: “Si no perdonas por amor, perdona al menos por egoísmo, por tu propio bienestar”, Dalai Lama; “A los recuerdos no hay que amontonarlos, sino elegir los mejores”, Rilke. La autora luego de plantear o describir una situación, la termina con una reflexión: “Para pensar”, redactada en forma simple y profunda.
Me encontraba a gusto con el librito cuando entró un e-mail de un amigo. Contesté. Otro amigo intervino en el chat y en algún momento preguntó ¿qué hacemos trabajando a las 20 horas de un sábado? Yo afirmé que no trabajaba, sino que disfrutaba de un libro muy sugerente y de buena música que me acompañaba, mientras mi madre intentaba soportar su resfrío en cama, con té, pastillas y televisión. Combinamos para cenar y un par de horas después y fuimos a uno de los pocos restaurant-almacén que quedan en Buenos Aires: el “Miramar” en Sarandí y avda. San Juan, en el barrio de San Cristóbal. En la cena comenté entusiasmado el libro tratando de motivar a mis amigos a que lo leyeran. Grande fue mi sorpresa al otro día, domingo, cuando hojeando La Nación, la “última página” de la sección Espectáculos dedica un reportaje a la autora: Elia Toppelberg. Lo titula “Mis tías octogenarias chatean” Era claro, porque madre no sólo es la de uno, sino también las tías, la madre de los amigos, y otras asimilables. ¿Quién es la autora? Elia Toppelberg se presenta como una experimentada psicóloga especializada en tercera edad y enfermedad terminal. De formación ecléctica, vuelca en el libro 30 años de práctica clínica, 25 años de madre y 57 años como hija de una madre que envejece. La visión esta planteada desde la íntima relación que tienen las hijas con sus madres, pero nosotros, los hijos varones, también podemos encontrar puntos desde los cuales reflexionar y actuar. Mi consejo: si usted anda por los cincuenta y tiene “madres”: la propia, la de amigos, tías de edad más que madura, y las ve envejecer, vale la pena tomar este libro en las manos y leer algunas páginas. Si le gusta y lo convence, lo compra. A mí me gustó y en muchos momentos me vi personalmente reflejado