Tu nombre te recuerda el mío
Marzo 10, 2008 por Jose Luis Valiño Castedo

(7 / 3 / 1917 - 27 / 2 / 2008)
Bueno, últimamente no hago más que despedir amigos, hoy le toca a mi amiga JV.
Creo recordar que fue la segunda residente en entrar en el C.T.X. A Veiga. Al parecer llegaba desde la cama de su casa a la residencia, hacia tiempo que ya no caminaba. Creo recordar que el ingreso lo hicieron TG y LP (como auxiliares).
Lo que si recuerdo con exactitud es que yo la vi por primera vez a las 9 de la mañana de un lunes de diciembre, en el comedor general, zona de asistidos. Al acercarme a la mesa comprobé que hablaba, tenia un rango articular normal y un balance muscular de miembros superior 3+. Lo que me hizo pensar en preparar su musculatura para que se pudiera alimentar por si sola. Lo recuerdo perfectamente ya que fue mi primer día en el centro.
Al día siguiente estaba en la sala de rehabilitación con otros tantos amigos. En su historia ponía síndrome de inmovilidad trastorno ansioso depresivo y deterioro cognitivo leve moderado. Le pregunte su nombre y me lo dijo y luego ella me dijo con su voz bajita “como te llamas” a lo que yo respondí. Me dijo que se le iba a olvidar y fue cuando le dije “Tu nombre te recuerda el mío”. Pues os podéis creer que nunca se olvido de mi nombre.
Era constante en su trabajo, venia siempre a rehabilitación, su trabajo rueda de hombro, escalera de mano, poleas, pesas, movilizaciones pasivas y potenciación muscular hicieron que en dos semanas comiera de su mano. Intentamos ponerla a caminar fue imposible, pero sus debilitadas piernas no permitían su exceso de peso y estar en cama durante mucho tiempo. Aun así ella era feliz, pues ya era un poco más independiente.
A veces me echaba una mano, y me tranquilizaba a otros residentes con mucho más deterioro para que no lloraran. Pero de vez en cuando ella se ponía a llorar como un crio cuando le roban un caramelo. No te daba ninguna explicación solo lloraba… Muchas veces era por que quería ir al servicio, otra por que estaba mal del estomago y otras por que si, para todas encontramos solución, puesto que no eran difíciles el problema es que no las expresaba.
Nunca me hablo de su familia, si estaba casada, si tenia hijos, cambiaba de tema, preguntas incomodas… Todos tenemos nuestros secretos y tienen que ser respectados.
En sus últimos días todos estuvimos pendientes de ellas, haciéndole las movilizaciones, cambios posturales, alimentándola por sonda, todos la apreciábamos.Me quiero despedir de ti, con una frase que leí y es la siguiente: “Tal vez lo único que duele más que decirte adiós es no haber tenido la ocasión de haberme despedido de ti”.
Hasta siempre
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