
Es curioso, en esta vida dicen que te acuerdas de las personas cuando ya no las tienes. Hoy después de mucho tiempo he tenido un par de horas libres y me he acordado de mi antiguo trabajo, de los residentes y de los compañeros.
Si bien es cierto que me acuerdo más de algunos que de otros incluso. Pero hoy creo que le tengo que dedicar este pequeño homenaje a un gran amigo, y como se suele decir mejor persona, y añado mejor director que conozco.
Por si alguno no lo conocéis me refiero a Miguel Ángel Ruiz Carabias. Un jefe increíble y como dije antes un gran amigo. Nuestra amistad se formo ya en “mi exilio de Madrid”. Circunstancias como ir al preestreno de una película de la Pataky (al cual nos hizo prepararnos de Gala, comprar camisas y corbatas, como si fuéramos a ligar con ella) fueron tejiendo nuestra amistad. Y como no recordar esas memorables noches jugando a un juego de canto de una consola…
Este psicólogo clínico militar, quizás lo de militar lo hizo ser un cachondo o no¿?, criando en los barrios de Fuenlabrada, y curtido en distintas residencias de tercera edad lo hizo si cabe más dialogante y compresivo con lo que serían sus empleados.
Un amigo nunca puede hablar mal de otro y menos un empleado del jefe, pero tengo que decir que Miguel eres un patoso… Como no recordar la semejante golpe que te metiste por la rampa si bien es cierto que estaba mojada, es que las buscabas hijo, siempre con los cordones de los zapatos desatados y eso que no eran de marca unos náuticos en invierno… Su mayor virtud la compresión, los abuelos lo querían y los trabajadores también.
Don Miguel como decía nuestra adorable P.J. es un crack por eso el (….) se lo llevo para construir el mayor proyecto creado de enfermedades raras. Ahora todos deberíamos tratarlo de usted, pero este Miguel sigue siendo el Miguel que conocí, que nos abría la puerta de casa con un calendario y nos invitaba a comer unos pimientos de padrón con gambas o pulpo en la feria del pueblo.
Tengo que darte las gracias, por muchas cosas. Por el curriculum que tengo. Por como has hecho que evolucionara y por las lecciones que aprendimos juntos ese MASTER de residencias. Sinceramente muchas gracias.
Cuantas cosas podría contar, cuantas historias quedan por escribir. Pero quizás lo mejor es el recuerdo; la marca que nos dejaste presente. Dicen que “Otros vendrán que te arán mejor”, quien sabe, todos somos diferentes lo cual nos hace si cabe mejores.
Un saludo amigo mío, espero volver a trabajar contigo